El rugby es uno de los deportes más exigentes del planeta. Potencia explosiva, contacto permanente, desgaste metabólico extremo y una combinación única de fuerza, velocidad y resistencia. No es casualidad que su base global supere los 8 millones de jugadores en 134 federaciones nacionales, bajo el paraguas de World Rugby.

Pero hay un dato que sorprende incluso dentro del alto rendimiento: uno de cada cuatro jugadores de rugby consume aceite de oliva virgen extra a diario.

Así lo recoge un estudio publicado en el Journal of the International Society of Sports Nutrition (2024), donde se observa que el 23,5% de los jugadores analizados declara utilizar aceite de oliva virgen extra cada día, considerándolo una fuente de grasa saludable.

Extrapolado al conjunto del rugby mundial, hablamos de cerca de dos millones de jugadores incorporando aceite de oliva virgen extra en su alimentación habitual.

El trabajo científico (disponible en PubMed Central) analiza patrones nutricionales en jugadores profesionales y semiprofesionales, detectando tendencias claras:

  • El aceite de oliva virgen extra es identificado como fuente de grasa saludable, respaldado por entidades como la National Heart Foundation of Australia y la Heart and Stroke Foundation of South Africa.
  • Su perfil rico en ácidos grasos monoinsaturados y compuestos antioxidantes lo sitúa como opción preferente frente a otras grasas menos favorables.
  • En el caso analizado de Zebre Rugby, se detectaron ingestas inadecuadas de carbohidratos, proteínas y grasas totales, lo que refuerza la necesidad de estrategias nutricionales más estructuradas.

La literatura técnica sobre nutrición en rugby (guías especializadas y publicaciones sectoriales) coincide en que el equilibrio de macronutrientes es determinante para:

  •  Sostener la intensidad en esfuerzos repetidos de alta carga.
  •  Optimizar la recuperación muscular.
  •  Modular la inflamación derivada del contacto físico constante.
  •  Mantener estabilidad metabólica durante microciclos de entrenamiento.

En este contexto, la calidad de la grasa no es un detalle menor: es un factor estratégico de rendimiento.

El rugby no es solo contacto. Es táctica, resistencia mental, disciplina colectiva y exigencia fisiológica extrema. Un partido implica:

  • Sprints repetidos.
  • Colisiones de alta intensidad.
  • Demandas energéticas variables y prolongadas.
  • Recuperaciones cortas entre esfuerzos máximos.

Este perfil fisiológico convierte la alimentación en una herramienta competitiva. Y aquí es donde el aceite de oliva virgen extra empieza a jugar un papel protagonista.

Que dos millones de jugadores de rugby consuman aceite de oliva virgen extra diariamente no es una anécdota gastronómica. Es una señal.

El deporte de mayor contacto colectivo del planeta está integrando progresivamente principios de alimentación asociados a la dieta mediterránea, considerada uno de los patrones dietéticos más saludables del mundo.

En un entorno donde cada ventaja marginal cuenta —desde la preparación física hasta la biomecánica del placaje—, la nutrición, y en esencia el aceite de oliva virgen extra, se convierte en el “combustible invisible” del rendimiento.

El aceite de oliva virgen extra ya está en el campo.