En los últimos meses, diversos artículos internacionales han reabierto un debate que parecía cerrado: ¿existen grasas más saludables que el aceite de oliva virgen extra (AOVE)? Algunos expertos han señalado al aceite de colza —históricamente vinculado a usos industriales— como una alternativa competitiva desde el punto de vista nutricional.
Sin embargo, el análisis riguroso de la evidencia científica permite matizar, y mucho, esta afirmación.
Tanto el aceite de oliva como el de colza comparten una base vegetal y una función esencial: aportar grasas saludables al organismo. Ambos contienen una elevada proporción de ácidos grasos insaturados, considerados beneficiosos para la salud cardiovascular.
El aceite de colza (o canola en su versión alimentaria moderna) destaca por su contenido en omega-3 y omega-6, además de compuestos con potencial efecto hipocolesterolémico.
Pero aquí es donde empieza la diferencia estructural.
Mientras el AOVE es, esencialmente, zumo de aceituna obtenido por procedimientos mecánicos, el aceite de colza requiere procesos industriales más complejos y, en muchos casos, refinado para ser apto para el consumo humano.
Numerosos estudios coinciden en que el aceite de oliva virgen extra mantiene una posición privilegiada dentro de las grasas saludables.
Su principal fortaleza no está solo en su perfil lipídico, sino en su riqueza en compuestos bioactivos:
- Alto contenido en polifenoles antioxidantes, que protegen frente al daño oxidativo
- Capacidad demostrada para reducir el colesterol LDL y mejorar el HDL
- Relación directa con menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas
De hecho, organismos científicos lo consideran el aceite de mayor calidad nutricional, especialmente en su categoría virgen extra.
El resurgir del aceite de colza como alternativa responde, en gran medida, a criterios económicos y funcionales (precio, estabilidad térmica, sabor neutro), más que a una superioridad clara en términos de salud.
En la práctica, los expertos coinciden en una idea clave:
No todos los aceites son equivalentes, aunque compartan origen vegetal.
El AOVE no solo aporta grasas, sino también un conjunto de compuestos minoritarios que lo convierten en un alimento funcional, no simplemente en un ingrediente.
Plantear que un “antiguo lubricante” pueda superar al aceite de oliva virgen extra es, en el mejor de los casos, una simplificación interesada.
Sí, ambos aceites comparten origen vegetal y pueden formar parte de una dieta equilibrada. Pero no, no juegan en la misma liga.
El AOVE sigue siendo, hoy por hoy, la referencia nutricional dentro de las grasas, no por tradición, sino por evidencia científica.
