India, el país más poblado del planeta con cerca del 19 % de la población mundial, está protagonizando una transformación silenciosa pero profunda en sus hábitos alimentarios: el aceite de oliva virgen extra se abre paso con fuerza en las cocinas indias.

El potencial del mercado es tan colosal como revelador. Si el consumo per cápita indio alcanzara tan solo 1 kg por persona y año, el mismo nivel que Estados Unidos, absorbería anualmente toda la producción de aceite de oliva de España. Hoy, el consumo apenas ronda los 10 gramos por persona y año, pero la tendencia es clara y sostenida.

En 2025, el mercado indio del aceite de oliva alcanzó un valor estimado de 260 millones de euros. Las previsiones apuntan a que podría superar los 1.300 millones de euros en 2034, lo que supone quintuplicar su tamaño en menos de una década (2026-2034). Este crecimiento no es coyuntural, sino estructural, impulsado por cambios demográficos, sanitarios y culturales.

Actualmente, el consumo total se sitúa en torno a 15.000 toneladas anuales, de las cuales más del 90 % procede de España, consolidando al origen español como actor dominante en este mercado emergente.

La entrada del aceite de oliva en la dieta india se remonta a los años noventa, cuando comenzó a asociarse de forma clara con la alimentación saludable, la prevención cardiovascular y la cocina moderna. Desde entonces, su penetración ha sido lenta pero constante, acelerándose en los últimos años gracias al crecimiento de la clase media urbana, la internacionalización de la gastronomía y una mayor concienciación sobre el impacto de las grasas en la salud.

India es ya el cuarto mayor consumidor mundial de aceites vegetales, con importaciones cercanas a 5,4 millones de toneladas, lo que convierte cualquier cambio marginal en su cesta de compra en un movimiento de gran impacto global.

Aunque sigue siendo un país netamente importador, India ha comenzado a desarrollar su propia olivicultura. Cuenta con unas 20.000 hectáreas de olivar, lo que la sitúa en torno al puesto 30 en superficie, 37 en producción de aceite y 36 en aceituna de mesa a escala mundial. De su producción total, el 91 % se destina a aceite de oliva y el 9 % a aceituna de mesa, un reparto que refleja claramente su orientación hacia el valor añadido.

Para el sector oleícola internacional —y especialmente para España— India representa uno de los mayores vectores de crecimiento a largo plazo. Su enorme población, unida a un consumo todavía testimonial, convierte cada avance en hábitos alimentarios en una oportunidad estratégica de primer orden.

Más que una moda, la fiebre india por el AOVE apunta a un cambio estructural que podría redefinir el equilibrio global del mercado del aceite de oliva en las próximas décadas.