Estrasburgo es una de las capitales de la Unión Europea. Es el símbolo de la reconciliación franco-alemana y el centro de la diplomacia y los derechos humanos en el continente. Su Catedral, de Notre-Dame es una de las obras maestras absolutas del arte gótico europeo. Su construcción comenzó en el año 1015 como un templo románico y se dio por concluida en el 1439 con su espectacular aguja gótica. Fue el edificio más alto del mundo con sus 142 metros de altura, ostentó este récord mundial durante más de dos siglos (de 1647 a 1874). Hoy en día sigue siendo la estructura medieval más alta del mundo que se conserva de forma plena.

Su reloj astronómico, es una obra maestra de la ingeniería y el arte, que combina la medición del tiempo con la astronomía y un impresionante desfile de autómatas, data del siglo XIV (la primera versión) y está considerado monumento histórico francés desde el 15 de abril de 1987, en adelante analizamos su historia, vinculada con nuestro aceite de oliva.

El Reloj de los Tres Reyes (1352 – 1354) fue la primera versión, el origen, desarrollado por un maestro relojero anónimo bajo las órdenes del obispo de Estrasburgo. Era una estructura gótica de madera de unos 12 metros de altura, incorpora un mecanismo rústico de hierro forjado que funcionaba con un escape de foliot (un péndulo primitivo), entonces el aceite de oliva se aplicaba de forma directa con paños para evitar que la humedad de la catedral oxidara el hierro. Contaba con un astrolabio que indicaba el movimiento de los astros y un carillón. Su mayor atracción eran los Tres Reyes Magos, que se inclinaban ante la Virgen María mientras un gallo de madera y hierro batía las alas y cantaba. Debido al desgaste del metal y a la acumulación de suciedad, el reloj dejó de funcionar por completo alrededor del año1500.

Tras ello se construyó una Obra Maestra del Renacimiento (1571 – 1574), el proyecto fue liderado por el matemático y astrónomo Conrad Dasypodius, quien diseñó engranajes mucho más pequeños, precisos y complejos fabricados en bronce, en  la lubricación de estos delicados dientes, usaban un método para purificar el aceite de oliva al sol, utilizando únicamente la capa superior (más ligera y fluida) para que el mecanismo no se atascara con el frío.

A partir de 1788, el aceite de oliva se dejó de usar, el reloj se bloqueó por completo, y quedó sepultado en el olvido debido al caos de la Revolución Francesa; posteriormente de 1838 a 1842, fue transformado por Jean-Baptiste Schwilgué, matemático y relojero.

Por lo tanto, el Reloj Astronómico de Estrasburgo funciono de forma puntual ligado al uso de aceite de oliva durante más de 4 siglos.

Pero, ¿Qué procedencia tenía el aceite de oliva usado en su lubricación? 

En la época del matemático Conrad Dasypodius y la construcción del segundo reloj de Estrasburgo (siglo XVI), los mercados del norte y centro de Europa se abastecían principalmente aceite de oliva procedente de Andalucía.

El historiador Daniel J. Boorstin, analiza la revolución que supuso el reloj de Estrasburgo en 1574 y los problemas de la época para mantener funcionando máquinas tan complejas con los recursos disponibles en el comercio mediterráneo, como el aceite de oliva de origen andaluz.

Según los archivos comerciales de los Países Bajos y Alemania (siglos XVI y XVII), así como, en tratados de ingeniería españoles y los registros de importación del norte de Europa, durante el Renacimiento, el aceite de oliva que consumía el Sacro Imperio Romano Germánico (región a la que pertenecía Estrasburgo) entraba masivamente a través del puerto de Amberes o subiendo por el río Rin. Este aceite venía registrado en las aduanas como procedente de la Bética (Andalucía) o directamente de los puertos de Sevilla y Málaga, conocidos en los inventarios centroeuropeos como «Spanish olive oil» (aceite de oliva español). Era el tipo de aceite vegetal más valorado y accesible en los mercados del norte para la iluminación de iglesias y el engrasado de grandes herrajes.

El Tratado Técnico de los Relojeros Españoles establece que en los manuales históricos recogidos en bibliografías profesionales españolas (como el Tratado de la Relojería), explica el uso de aceite  de oliva como lubricante relojero y que debido a que el aceite de oliva extraído en tierras andaluzas se espesaba en climas fríos (como el del invierno en Estrasburgo), los relojeros locales idearon sistemas de refinamiento antes de aplicarlo a los engranajes, utilizando el método de congelación parcial para separar las grasas densas del fluido líquido.