Enrique IV de Francia (1553–1610), apodado «el Buen Rey» o «el Vert-Galant», fue uno de los monarcas más importantes, carismáticos y astutos de la historia europea. Fue el primer rey de la dinastía de los Borbones en Francia (la misma familia real española) y su vida estuvo marcada por la guerra, la tolerancia religiosa y su famosa obsesión por unificar un país destruido. El punto clave de su vida para entender quién fue el rey de las dos religiones, es que nació católico, pero fue criado como protestante.
Durante décadas, Francia vivió sumida en las sangrientas Guerras de Religión entre ambos bandos. En 1589, el rey anterior murió sin herederos y el trono le correspondía a Enrique. Sin embargo, la capital (París) y la Iglesia Católica se negaban a tener un rey protestante. Tras años de guerra, Enrique comprendió que la paz era imposible si no cedía. En 1593 se convirtió oficialmente al catolicismo pronunciando (según la leyenda) su frase más famosa: «París bien vale una misa» (Paris vaut bien une messe), priorizando el país a sus creencias.
Tras ello, Enrique IV de Francia (1594) protagonizó el caso más famoso de la historia donde una coronación real tuvo que modificarse por completo debido al control político de las reservas de aceite de oliva sagrado. Para ser considerado un rey legítimo en Francia, la tradición medieval exigía ser ungido en la Catedral de Reims con la Santa Ampolla, un frasco que contenía un óleo milenario a base de aceite de oliva. Sin embargo, en 1594 el país estaba en plenas Guerras de Religión y los enemigos del rey (la Liga Católica) controlaban Reims, negándole el acceso al aceite de oliva sagrado.
El monarca tuvo que gobernar y luchar durante 54 meses sin corona oficial debido al conflicto religioso y al boicot del aceite de oliva milagroso.
Al no poder realizar el evento tradicional por falta de su aceite de oliva original, Enrique IV improvisó una estrategia de urgencia: Cambio de catedral: Trasladó la ceremonia a la Catedral de Chartres.
Los monjes sustituyeron la Santa Ampolla trayendo en secreto otra reliquia alternativa (el aceite de oliva de San Martín de la Abadía de Marmoutier), mezclaron este bálsamo con una base nueva de aceite de oliva puro, ungieron al monarca el 27 de febrero de 1594 y así logró legitimarse oficialmente como rey.
