De forma reciente, sobre todo tras la pandemia, la agricultura como profesión está pasando de ser una actividad denostada, a una profesión sofisticada  pero, no es algo nuevo que al agricultor se le considere como un profesional relevante, esta situación acompañó, refiriéndonos a los olivicultores, a estos desde la antigüedad, de hecho, si cultivabas unos 25 olivos, estabas exento de combatir en el frente, e incluso si plantabas  una finca de olivos, no debías de pagar impuestos durante 10 años, todo ello ocurría en los siglos II y III dC, en  la Antigüedad Clásica.

La annona (o cura annonae) fue el mayor sistema de logística estatal y bienestar social de la antigüedad, diseñado originalmente por la República Romana y perfeccionado por el emperador Augusto. Su objetivo central era simple pero crucial: evitar hambrunas, dotar de alimentos a los ciudadanos, acabar con las revueltas populares e insurrecciones militares, garantizando el suministro ininterrumpido de alimentos. De este enorme aparato logístico, la rama más estratégica y disciplinada era la annona militaris, la oficina encargada de vestir, armar y, sobre todo, alimentar a las legiones.

Julio César incorporó oficialmente el aceite de oliva a la ración militar obligatoria, por tres motivos, lo que transformó por completo la logística militar y política romana por tres motivos:

  • Aporte calórico necesario: Un militar en campaña marchaba unos 30 kilómetros al día cargando más de 30 kilos de equipo. El aceite de oliva aportaba grasas densas y energía compacta de fácil transporte.
  • Higiene y medicina: En las fronteras del norte de Europa (el Rin y el Danubio), no había termas públicas. El aceite de oliva se usaba como elemento de higiene (raspándolo con un estrígilo), y así, proteger la piel de las infecciones por armadura y aplicándolo en los músculos.
  • Iluminación: Cada campamento militar necesitaba miles de litros de aceite de oliva lampante iluminar las incursiones y guardias nocturnas.

Es por ello, que el Imperio Romano creo la figura jurídica conocida como immunitas (inmunidad), la cual eximía a ciertos ciudadanos de cumplir con los deberes públicos más duros, ir a la guerra, y pagar impuestos, y dentro de esta élite estaban los olivicultores y los productores de aceite de oliva, pero  con ciertas salvedades:

  • El límite de los 2.500 metros cuadrados, es decir unos 25 olivos: La ley romana estipulaba que quedaban exentos del reclutamiento militar aquellos propietarios que poseyeran y explotaran más de 2.500 metros cuadrados de olivar de forma activa, es decir unos 25 olivos productivos.
  • Obligación de ser eficiente: Esta exención no era un regalo de comodidad, sino una medida de pura estrategia militar. Al olivicultor se le prohibía terminantemente detener o disminuir la producción, incluso en los periodos de guerra más cruentos. Si un agricultor descuidaba sus tierras, perdía inmediatamente su immunitas y era enviado de inmediato a primera línea del frente.
  • El Estado priorizaba el suministro: para el emperador, un olivicultor produciendo miles de litros de aceite era muchísimo más valioso que un soldado para ganar la guerra.

Si tuviéramos que ponerle rostro a los emperadores que blindaron legalmente a los olivicultores, destacan principalmente tres:

  1. Adriano (117 – 138 d.C.) — El impulsor agrícola

Bajo el mandato de Adriano, para abastecer a las legiones fijas en los muros de defensa, Adriano promulgó leyes revolucionarias (Lex Hadriana de rudibus agris). Esta ley eximía del pago de impuestos por 10 años a cualquiera que plantara olivos en tierras baldías del Estado, sentando las bases legislativas para proteger y premiar a los olivicultores.

  1. Antonino Pío (138 – 161 d.C.) — El siglo de oro del aceite de oliva

Fue bajo el emperador Antonino Pío cuando este sistema de exenciones de reclutamiento (immunitas) se consolidó firmemente. Antonino Pío, un gobernante profundamente obsesionado con la burocracia y la paz social, oficializó que los productores medianos de aceituna y aceite de oliva y los transportistas marítimos (navicularii) estuvieran legalmente blindados contra el servicio militar para mantener el flujo comercial.

  1. Septimio Severo (193 – 211 d.C.) — La militarización total y la democratización del aceite de oliva

Unos años después, el emperador militar Septimio Severo reformó la estructura de la annona y creó formalmente la annona militaris. Severo era consciente de que su poder dependía exclusivamente del ejército, por lo que convirtió el aceite de oliva en un suministro gratuito y obligatorio tanto para los soldados en el frente como para los plebeyos de Roma. Al aumentar drásticamente la demanda estatal, la exención militar para los olivicultores y productores de aceite de oliva se volvió más estricta que nunca: el campo no podía parar bajo ninguna circunstancia.